Sinopsis

Adiós a los Olivos cuenta la historia de un maestro de teatro y 15 actores que viajan a una vieja casona de campo en Uruguay, con el objetivo de trabajar sobre la obra “El jardín de los Cerezos” de Antón Chejov.
La casona, pertenece a la familia del maestro y ha sido recientemente puesta a la venta. El maestro, al enterarse que la vieja propiedad familiar va a ser vendida y a manera de despedida,
decide montar una versión adaptada de la obra rusa y que sus personajes habiten durante una semana la gran casa rosa en la colina.

Su abuela Linda de 92 años, dejó la vieja casa y habita en Montevideo desde la muerte de su esposo. Pintora reconocida mundialmente, Linda tiene aún un taller viejo en la buhardilla de la casa, como una negación a su paulatina separación.

En Adiós a los Olivos, asistimos entonces a un acto de desprendimiento, un momento de cambio, el final de un largo atardecer, que de las mano de Nicolás Kohen y ese grupo de actores, devenidos personajes de una rancia aristocracia, nos revela como el paso del tiempo y el capitalismo (en la constante expansión de tierras para el turista de la capital), parecen capaces de roerlo todo. O diríamos mejor, casi todo, porque la película, completa este gesto de despedida y a la vez lo suspende, acaso inmune a ese avance del tiempo y del capital.

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